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El tiempo en sus manos. A propósito de "La màquina del temps"
17 / 02 / 2016

Últimamente no soy muy propenso a contar en texto como es el proceso de producción de un proyecto de imagen hecho por mí (prefiero hacerlo con los making of visuales en la bitácora de esta web), pero de vez en cuando puede ser un ejercicio didáctico interesante para mostrar que, detrás de cualquier trabajo creativo, siempre hay un "porqué" y un "cómo", y que no todo, of course, se deja en manos del azar y de lo que vaya surgiendo a medida que avance el trabajo. Y ya que estamos, sirva este artículo para reivindicar la labor de los profesionales que nos dedicamos y nos ganamos la vida, como en cualquier otra profesión, con la fotografía, el diseño y otras disciplinas audiovisuales.

Pero, antes de entrar en materia, un poco de historia personal.

Conozco a Rubén Pascual desde hace más de 20 años. Ambos formamos parte de ese "club" de gente que se conoció en el bar Snack Pere de Algemesí, o simplemente "El Pere" como solemos decir sus, aún hoy en día, fieles parroquianos. Mi relación con Rubén ha pasado por muchos estados a lo largo de estos años. Hemos llegado a ser grandes amigos, hemos llorado juntos de risa y también hemos llorado de llorar, pero con tantos años de por medio también ha habido tiempo para el distanciamiento y el reencuentro posterior. Ese reencuentro se produce a raíz de la publicación de su primer libro De dies i d’anys y la grata sorpresa que fue para mí el hecho de descubrir a Rubén, de nuevo, con su particular (pero no desconocido) estilo para contar historias, una auténtica rara avis dentro del mundo literario, con un potencial visual abrumador y muchos lugares y referencias comunes que recordaba de aquellos primeros años de locura y making movies.

Las cosas que tiene la vida. Después de hablar con él de que me gustaría poder basarme en algunos de sus poemas para concebir algún proyecto fotográfico personal, el tema se queda, durante un puñado de meses, en standby (de esos que suelen acabar relegando las cosas al olvido) hasta que un día se presenta en mi estudio y me cuenta todo el "pitote" que ha montado, junto con Juli Camarasa, Josep Maravilla y Àlvar Carpi, y me dice, así como habla él «nen, quiero publicar esto y no tengo ni puta idea de cómo hacerlo, pero quiero que sea especial y bien hecho y creo que esto lo debe hacer un profesional » (ojalá todos los que me encuentro en mi trabajo lo tuvieran tan claro!).

Y ahora sí, vamos al quid de la cuestión: el proyecto de imagen para La màquina del temps.

El concepto como libro-cd estaba claro desde el principio. Se trata de un proyecto de música y rapsodia que nace de los poemas originales de Rubén Pascual y Juli Camarasa, los impulsores de esta aventura, musicada por Josep Maravilla y Àlvar Carpi -con la participación del también músico, Abraham Rivas, y los rapsodas Joan Femenia, Esther Villanueva, Vicent Campos y la colaboración en los coros de Carol Navarro-. Por tanto, la parte literaria (libro) debía tener tanta relevancia como la parte musical (el cedé) y ambas, aunque se trata de un proyecto de fusión, debía poder disponer de autonomía propia dentro de un pack integrador. De ahí el hecho de crear un estuche donde cada parte tuviera su zona independiente, por un lado el cedé con la música adaptada de los textos y, por otra, el libro con los poemas originales completos.

En un primer momento no barajo nada relativo a la foto-ilustración, ya que el hecho prioritario era decidir qué tipo de producto iba a ser, o sea, qué debía tener en sus manos el destinatario final del libro-cd. De entre todas las opciones estudiadas finalmente me decanté porque el envoltorio fuera un estuche de cartón, al igual que gran parte de las cosas que adquirimos en la vida van empaquetadas con este material, frágil por un lado, pero protector de su contenido, y no es hasta que abrimos la caja que descubrimos el objeto de nuestro deseo.

En cuanto al planteamiento visual, lo primero que me vino a la cabeza cuando Rubén me habló de La màquina del temps fue aquella película de 1960, The Time Machine, protagonizada por Rod Taylor y que aquí se tituló El tiempo en sus manos. De hecho, la imagen de Rod Taylor a los mandos de su máquina del tiempo, como los planos encontrados en Internet del diseño del artefacto que se construyó para el filme, era el referente recurrente continuamente en las conversaciones que Rubén y yo manteníamos al inicio del proceso.

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Pero la idea definitiva vino cuando desempolvé una antigua máquina de escribir Hispano Olivetti que pertenecía a mi abuelo. Una auténtica joya mecánica conservada como nueva, como todo lo que mi abuelo había guardado a lo largo del tiempo. Era el mecanismo perfecto para representar esa "máquina del tiempo" dentro del contexto literario del proyecto. Los engranajes de una máquina que sirve para viajar en el tiempo a través de la escritura, para trasladarnos al universo de letras creado por Rubén y Juli a partir de sus propias experiencias vitales a lo largo de sus respectivas vidas. De días y de (d)años como lo definió Rubén con el título de su primer libro. Y qué mejor que la galleta del cedé fuera una ampliación mayúscula de la tecla de las mayúsculas (con un deseo lingüístico incluido) que es al fin y al cabo el primer dispositivo que activamos para poner en marcha la máquina junto con la primera letra de cada párrafo que escribimos con ella.

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En cuanto al libro, éste debía representar los viajes poéticos de Rubén y Juli, y debía ser totalmente diferente del resto. Si el envoltorio debía tener un acabado visual industrial, mecánico, incluso oscuro, el libro debía de ser luz, color, magia y sueños. Un cambio radical, imposible de intuir desde fuera y que sólo se puede descubrir al abrir la caja y adentrarse en los textos y las foto-ilustraciones que los acompañan, imaginadas y plasmadas de manera totalmente subjetiva a partir de las sensaciones que me han transmitido cada poema.

Esta ha sido la parte más compleja, no tanto en técnica, ya que ésta forma parte, desde hace mucho tiempo, de mis procesos de producción audiovisual, sino más con respecto a acertar o no con mi percepción de cada texto. Y aunque al principio me pareció un imposible, la libertad y la comprensión por parte de los autores de que al final el proyecto no dejaba de ser la unión de diferentes visiones subjetivas (quién escribe, quién musica, quién recita y quién ilustra ) ha sido la clave para poder viajar juntos y llegar a un hábitat multidisciplinar común.

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Y poco más que añadir. El resto lo tendréis que descubrir vosotros mismo. Por mi parte, agradecer la colaboración como modelos de mi mujer Salut Blasco (Laurinda, un àngel delight) y de mi colaboradora Karmen Mont (Saulé) como a la modelo anónima que ha prestado su cuerpo para las ilustraciones de Postal de la Mar del Desig y Ancoratge. Mención especial, y justa, al trabajo realizado por la empresa Imagina, colaboradora también en trabajos de imagen corporativa realizados en Nat, y que han sido los encargados de darle forma a mi idea de packaging.

Una vez escuché una frase que me gustó mucho: «Cada vez que haces el amor te vengas de todas las cosas malas que te han pasado en la vida». Algo parecido me ha pasado con este trabajo: un desagravio de todos los sin sabores que he sufrido en esta profesión, mucho más dura y desagradecida de lo que la gente piensa (y más hoy en día), pero que gracias a personas como Rubén y Juli te acaba regalando experiencias fantásticas que te reafirman como creativo y que no sólo te mejoran como profesional, sino también como persona.

Gracias Rubén. Gracias Juli.

Bernat Gutiérrez
nat@natgutierrez.com

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